El otro día alguno de mis amigos me preguntó de qué iba exactamente el máster que estaba haciendo. Es gracioso, porque en otro tipo de materias se pregunta menos. Comunicación Multimedia, decía yo. Algunos se quedaban tal cual, así que tuve que ir desglosando poco a poco todo lo que formaba parte de lo que estaba estudiando. Marketing, Redes Sociales, Publicidad en Internet, Creación y Diseño Web, Herramientas de análisis de resultados, posicionamiento (gratuíto y de pago) en buscadores… y blablabla. A unos les interesó el tema, así que siguieron preguntado más intrigados que antes, pero la conversación se separó y, aquellos que ya tenían “claro” lo que yo hacía, decidieron hablar de otras cosas. Relacionadas, pero otras cosas.
“Es que flipo con la gente que cuenta su vida en Facebook“, “estoy harta de que Pepita me cuente dónde está y por qué lo hace”, “a mi me gusta más la gente que no pone nunca nada”. Entonces… pensé yo, ¿para qué estás en Facebook? Me hace gracia esa gente que critica la actuación de otros en las Redes Sociales, pero que sin embargo, está registrada en todas y entra cada día para no perder detalle de lo que pasa en su entorno. Podría pasarme horas hablando sobre esto, y dando argumentos válidos con los que vender mi posición. Pero no, no vengo aquí a convencer a nadie. Que cada uno haga lo que quiera… yo solo pido un poco de coherencia a la hora de pensar, decir, o criticar.
A todos ellos que actúan como una vecina cotilla en Facebook, les animo a participar, todo pasa a ser bastante más divertido; y si ven que realmente no les gusta y siguen con la misma idea negativa, solo tienen que darse de baja y dejar que todos los que están porque quieren, hagan (sigan haciendo) lo que quieran.
